11 mayo, 2010

Bello Lugar-Acogedor dices tú.

Hoy conocí un lugar bonito, tú sugieres llamarlo acogedor, algo chiquito y muy bien escondido, donde quizá por la fachada creas que sólo era un cuartucho, pero además tenía segunda planta, nos dejamos conducir por aquella escalera algo sencilla y nada moderna, para luego ver aquella mesita con dos sillas, pegada a una ventana con vista a la entrada divisando así una imagen nueva de aquella zona ya recorrida por nosotros por muchos años, pero nunca la habíamos observado desde aquella perspectiva.

Al ritmo de cajón y una voz ronca, yo cantaba despacio aquellas canciones que aunque tú no lo creas simbolizan una niñez para mí, algo competitiva, algo llamativa y deslumbrante, porque así era. Los detalles de aquella infancia salían en aquel lugar, que tu sugeriste llamarlo acogedor. Sentía explotar mi cabeza de recuerdos, de sonrisas, de euforia en mi interior, trataba de seguirte la conversación porque me resultaba importante y a la vez interesante como mis visiones flotantes.

Trivialidades, característica algo improvisada en toda conversación nuestra. Así trataba de disimular aquello que por dentro vivía. No quería que la voz ronca dejara de cantar y tú notabas con recelo mi mirada fija en el panorama, mi sonrisa fingida, mis ojos volados, mi yo perdido. Así me notabas, luego me di cuenta de todo eso. Aquel lugar era distinto, era secreto, era tan acogedor como tu dices, porque no sólo acogió nuestros cuerpos, sino nuestras voces.

Fue cuando aquello volvió, ya no mi niñez sino mi juventud primaria, aquellas salidas y horas de conversaciones, horas de dejar pasar cuantos carros venían a la parada, sólo con el fin de comunicarnos aquellas dolencias, ser el soporte del uno y el otro. Sentí tu calor y todo lo anterior se me vino a la mente, la comida pasaba por sí sola, porque yo sentía que estaba en aquellos lugares los cuales habíamos visitado tiempo atrás.

Un tercero fue nuestro guía, desde aquellas escaleras hasta la mesa junto a la ventana, ese tercero era distinto también, cumpliendo con la analogía del lugar. Todo era distinto, el bocado, el aire, la vista, la gente, tú y yo y mis recuerdos. Aquel tercero nos sorprendió, nos cautivó y se robó un cariño que ahora compartimos, se podría decir que nuestro amigo el Tercero, cumplió su misión de guía de host de anfitrión.

Cuando todo terminó, la salida era obvia, lo acogedor nos decía un vuelvan pronto, estoy seguro que nos ofrecía un café un manjar para entrar en él y verter nuestros corazones en palabras, así como lo hacían los otros visitantes. Es por eso que me perdí por un instante, es esa la razón de esa risita sospechosa. Simplemente ese lugar acogedor, cómo solías llamarlo, era un lugar bello, que nos dividía del caos y era testigo de cuantas palabras jugaban a salir de nuestras bocas.



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