¿Se acuerdan de aquellos niños que nacen del garabato? Los que nacen del rayón, de los borrones, pero sobretodo del rinconcito de nuestra cabeza, ese que se llama imaginación. Bueno eso creía mi hermano, que sólo se quedaba en mi imaginación, pero ellos salen por las noches, juegan con tus cosas. No! no son duendes, en realidad no sé si lo son, pero ellos son muy juguetones con todo. Juegan con los collares, por eso sientes nudos en la garganta; juegan con la correa más frágil, por eso las mariposas en el vientre, más aún juegan con la pelotita más encantadora, eh ahí mi corazón alocado; en realidad el juega con mi alma. Sí, ellos juegan con todo el ser. Ellos no hacen travesuras como los duendes y las ratas, ningún desastre alguno que enojara a mi hermano; sólo dejaban huellas, colores, fragancias, eso lo sé porque cuando alguien entraba a mi pieza su ser hablaba, saltaba y era presa de todas las sensaciones.
Yo tenía uno en especial, sí el existía, era chiquito del tamaño de mi vaso rojo. Tenia la cabeza muy redonda aunque algo chueca, ahi estaban sus ojos del alma, su nariz inquieta y su sonrisa del amigable, él era mi "Lupus" así los llamaba. El mío se sentaba siempre en la repisa de mi cuarto, junto a unos libros negros, al costadito de un arbolito de papel maché; sentado justo al borde dejando caer sus patitas. El era callado y muy observador, yo no sabía en que pensaba, en que soñaba y mucho menos donde vivía. Sólo lo veía en el estante en medio de la repisa, atento a mi llegada y a mis desahogos. Insisto, Lupus no era lo que mi hermano creía, sino ya se hubiera marchado, él no se corre de mi repisa, ni llora, ni se molesta; Lupus sólo me mira y juega con mis cabellos, mi collar, mi correita, mi pelotita. Lupus sí vivía, soy consciente de eso. No sé si dormía, sólo se que él estaba allí, nada vacilante, sentado en mi repisa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario