Mi Niño
Cerca de las diez y tus lágrimas no cesaban, escuché que dijiste que extrañabas a tu mamá, que querías correr a abrazarla, que sentías melancolía, que eras ajena a todo este entorno. Eso era nuevo, o quizás no. No quería recordar que también yo me agudicé, que también yo grité que quizás yo no lo hice en mi cuarto y en mi cama como tú, que quizás a mi me bastó una mesa y una sala ajena; pero igual lloré.
No aguanté y atravesé el pasillo y la puerta rompiendo con mis fantasmas, rompí con ese orgullo y fui a contemplarte, a consolarte como yo me consolaba, como yo me acariciaba. Te conté la mejor historia sólo para apaciguar tu llanto y esperé a tu sonrisa, señal de victoria. Mi rostro rompió su dureza, habías ganado, no fue tu intensión, como hubieses sabido que yo también morí así. Simplemente te echaste al llanto , simplemente me eché al llanto.
Ya estabas inconsciente, eras presa de Morfeo, vi tus cabellos revueltos, tu sonrisa en el sueño, tu piel sudorosa y mi niño durmió como tu lo hacías. Mi niño olvidado, mi pesadilla olvidada, la acababas de vencer, no sabía si darte gracias igual no lo podías entender. Corrí tras el pasadizo y me senté junto a la pared, dejando la puerta entreabierta viéndote crecer.
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