Almíbar o Hiel
¿Será acaso momento de probar un nuevo reto? O quizás una nueva melodía vaga y pasajera me provoca atreverme. Pero nadie sabe que rayos sucede; pero nadie sabe el porqué tanta gente ¿Me uno a ellos o me alejo? Pero más gente se aglomera, formando una multitud desde niños a ancianos. Se aglomeran como ratas en aquel suceso y ¡Ay! mi dejadez, siguió huyendo.
Quizás en medio de aquella multitud sólo existían cerdos con peste o grama podrida con cero de minerales, peor aun, cadena de cuerpos negreados por la mezcla de sangre y polvo, todo eso cubierto con el hedor de desechos del ganado.
Pero es que todo estaba tupido, que el atreverme se me hacía raro. Mientras que las personas seguía llegando en masas ¿Cuál maquiavélico plan se había soltado? Y ¡Ay de mí si me acercara al perímetro de las masas!, puesto que terminaría arrollado por una estampida de bueyes con sarna. ¡Ay de mí si comentaba, rumoreaba o susurrara!, ya que mi boca se llenaría de dulce miel que hostiga el paladar, pareciéndose mas a acido de Lima fermentado.
De pronto, todo se paró, pero la gente ya había dominado el área. Yo creía que todo se comprimía o buscaban un lugar donde concentrarse, con tal que se largaran y así yo me calmara. Pero nada de esto sucedía con todo aquel tumulto concentrado en medio del campo, la concentración seguía fija, y las huellas que habían dejado, delimitaba la zona.
Se encontraban, negros, blancos, rubios, pelirrojos y hasta pensé en presenciar al mero diablo en toda la multitud, pero sólo lo había pensado. Estaba casi seguro que nada bueno ocurría ante toda esa gente, que de seguro, no estarían compartiendo el pan, que de seguro, no estarían celebrando una fiesta patronal, que de seguro, no estaban en cuerpo y alma.
Toda la pestilencia podría estar dentro, como también el almíbar más selecto del mundo. Pero nada podría afirmar, porque ¡Ay de mí por no atreverme! ¡Ay de mí!
16 septiembre, 2009
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